Día de los Reyes Magos, en la Epifanía recordamos la visita de los Reyes Magos. El segundo domingo después de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Epifanía del Señor, manifestación del Hijo de Dios como el Salvador y el Mesías. Tiene que ver con la celebración o adoración a nuestro Señor Jesucristo. Su intención era festejar, conocer y reconocer al hijo de Dios y con ello cumplir con el propósito de ese nacimiento, mostrando a María los regalos propios de un Rey. El primer mago obsequio oro; metal precioso que tenía como significado simbolizar la realeza; el segundo mago entrego incensio utilizado en acto de adoración, símbolo de lo sagrado y el tercer mago mirra; ungüento que se usaba para embalsamar, simbolizando la sangre que derramaría Jesús hasta morir; para darnos a nosotros la oportunidad de tener una vida eterna junto a Él. (Mateo 2: 9-11): “Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.”

¿Qué tan importante fue ese acontecimiento para cada uno de nosotros?

Los reyes magos fueron personas sabias que honraron y alabaron a Jesús en su nacimiento y nos manifestaron la realeza divina de nuestro Señor. Debemos vivir una vida agradable a los ojos de Dios y permanecer en su camino, reconociendo cada día el verdadero propósito de esta fiesta, dando el lugar que le corresponde a nuestro Señor Jesucristo y reconocer que hoy más que nunca habita en cada uno de nosotros. En esta fiesta de la Epifanía ofrezcamos y entreguemos lo mejor de nosotros a Dios y a los demás para que podamos revivir ese momento tan especial en el que los Reyes Magos acudieron al niño Jesús con sus valiosos presentes.