La fiesta de la presentación del Señor, es otra manifestación de Dios al pueblo, representa una de las fiestas más antiguas, que se celebra el 2 de febrero, cuarenta días después de la Natividad del Señor.
Enfatiza ese momento de cambio entre el pueblo de la Ley y el pueblo de la Gracia, con el propósito de anunciar que el Reino está por venir y que la salvación prometida por Dios se multiplica a todas las naciones, como la luz sobre toda la tierra.
El relato de la Presentación del Señor en el Templo, se puede leer en San Lucas, Capitulo 2, 22-39. Es importante mencionar la presencia de dos personajes consagrados a Dios como lo fueron Simeón y Ana, ya que ellos representan el encuentro del Señor con su pueblo. Simeón era un hombre inspirado por el Espíritu Santo, quien tenía la promesa que no se moriría sin antes ver al Salvador del mundo y por el mismo Espíritu reconoció a Jesús como el Mesías, en cuanto lo vio llegar con sus padres al templo. Tomándolo en sus brazos y levantándolo hacía el cielo después de bendecirlo, dijo a María la Madre “Este niño será la luz de todas las naciones del mundo, será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción y a ti misma una espada te atravesará el corazón”. Por otra parte, está Ana, una anciana de 84 años, viuda, era hija de Fanuel, de la familia de Aser, que dedicó su vida al servicio de Dios con ayunos y oraciones e igualmente estaba guiada por el Espíritu Santo, lo que le permitió reconocer a Jesús como el Salvador, desde ese momento se dedicó a dar gracias a Dios; Y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
¿Cómo podemos reconocer en las niñas/os, mujeres, ancianos, médicos, enfermeras, cuidadores/as, la luz del rostro de Jesús y como lo anunciamos a la manera de Simeón y Ana?
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