Juan Eudes nació el 14 de noviembre de 1601. Sus padres fueron Isaac Eudes y Martha Corbin. Creció en un hogar de fe, viendo el ejemplo de su padre que se solidarizaba con las situaciones difíciles de las personas que se acercaban a él.
El ambiente eclesial era frío, Juan Eudes, se dio cuenta que no había orientación cristiana. Los creyentes cultivaban así toda clase de prácticas que los alejaba de una experiencia de fe. Este contexto no era favorable para acrecentar en las personas una conversión profunda de cercanía con Dios.
En su hogar Juan Eudes descubre una amistad viva con Dios. Fueron muchos los acontecimientos que permitían ver en Juan Eudes, una profunda unidad con Dios: a los 6 años no encontraban a Juan Eudes y su madre lo halla en la Iglesia entregado a la oración. A los 9 años un compañero lo abofeteó y él le puso la otra mejilla cumpliendo así el pasaje evangélico. Pues él tomaba en serio la palabra de Dios. Desde los 12 años comulgaba con frecuencia. Él era un auténtico creyente, cuando veía el crucifijo le llamaba la atención los clavos y las espinas, no para quedarse en el sufrimiento, si no para reflexionar todas las implicaciones que tiene el proceso para experimentar la salvación.
El fue un creyente convencido, un bautizado consecuente, definido y decidido. Fue un sacerdote ejemplar que asumía su vocación. Impulsó la devoción al Corazón de Jesús y María como expresión de sus más nobles sentimientos y su más sincero amor al prójimo. La vida de San Juan Eudes es la historia maravillosa de una salvación personal, donde el amor del Padre se ha manifestado en Jesucristo con el poder del Espíritu Santo.
El legado de San Juan Eudes es continuar la vida de Cristo sobre la tierra, hasta poder decir: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”1.
Nuestra misión es: Hacer vivir y reinar a Jesús en el corazón del Ser Humano a fin de que ellos también experimenten las riquezas del corazón de Cristo, fuente de toda vida.
San Juan Eudes nos deja una propuesta de oración en cuatro tiempos:
- Adorar: Volver a encontrar nuestra capacidad de contemplación, que nos conduce a la adoración.
2. Agradecer: No tanto por lo que Él hace, sino por lo que Él es.
3. Vivir el perdón: Sentir la necesidad de entrar poco a poco en la experiencia del perdón con relación a mí mismo, a los otros y a Dios.
4. Ofrenda de sí mismo: Mientras más acogemos el amor de Dios, más vamos a darnos, a vivir de su amor, a ser transparencia de su amor. Es darse para ser testigo2.
Que San Juan Eudes como testigo fiel del amor de Dios siga siendo inspiración para vivir mi vida cristianamente.
Por Hermana Sandra Milena Pineda
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