21 de noviembre. Fiesta de la Presentación de la Virgen María, las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, en todo el mundo, renovamos nuestros votos de consagración a Dios.

Con alegría renovemos nuestros votos, dando gracias a Dios por habernos llamado a tan sublime vocación.

La renovación de los votos no se hace para contraer un nuevo compromiso, como si antes no existiera, nos recuerda los ya contraídos. Confirmamos y renovamos con todo nuestro corazón. Las religiosas fieles en el cumplimiento de sus votos viven siempre felices con esta fidelidad. Vivan felices con su Dios. Ámenlo. No piensen más que en Él. No busquen más que a Él. No se ocupen más que de Él. No respiren ni vivan más que para Él, y sea El cómo la atmósfera de su persona. Dense enteramente a Dios.  Santa María Eufrasia.

El estado a que hemos sido llamadas encierra una sublimidad muy agradable a los ojos de Dios. Debemos reconocer que es un don gratuito de Dios que nos escogió de entre la multitud, diciéndonos como en otro tiempo a Abraham: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre para ir a la tierra que yo te voy a mostrar” Santa María Eufrasia.

“Mi Jesús, nuevamente te consagro mis tres votos de pobreza, castidad y obediencia, proclamando ante la faz del cielo y de la tierra que quiero observarlos perfectamente hasta mi último aliento en honor y homenaje a tu divina pobreza, castidad y obediencia, y a las mismas virtudes de tu madre adorable” San Juan Eudes.

“Mucho se pedirá a quienes hayan recibido mucho”   (Lc. 12,48)

Vuelvo a insistir sobre la vocación que debemos amar entrañablemente y sobre el cuarto voto que es nuestra gloria y defensa y da mérito inapreciable a todas nuestras acciones. Santa María Eufrasia.