Con mucho cariño llego a todas y todos para compartir lo que vivo hoy en la Misión del Buen Pastor.
Considero una respuesta a un mundo que clama por paz y justicia, en una palabra, por misericordia. Cada persona con quien comparto y de quien sé su nombre, me está retando a entregarle el Jesús Buen Pastor que digo seguir y de quién como nos lo pide Santa María Eufrasia trato de tener los mismos sentimientos, pensamientos, actitudes, palabras y gestos.
No es fácil en este momento que vivimos, ser y mantener un hacer que responda al clamor de nuestros hermanos, se experimenta mucha impotencia. La fe y la esperanza en Dios me llevan a tener confianza en que hay que continuar el camino con más fuerza y entrega sin amedrentarme ante lo casi imposible para el ser humano, más no, para el dador de la vida.
Desde que ingresé a la Comunidad he estado rodeada de mujeres en situación de vulnerabilidad niñas que apenas se asomaban a la vida, adolescentes con experiencias en realidades muy duras con carencia de amor y apoyo de la familia, adultas mayores con tristeza profunda en sus corazones porque ya en el ocaso de sus vidas veían que no habían logrado, lo que deseaban; manifestaban querer volver atrás para hacer y tener una vida diferente que les permitiera entregar de sí lo mejor, descubrimiento logrado en el encuentro con Jesús Buen Pastor en su palabra. Este espacio con cada grupo me ha ayudado a crecer, valorar, amar cada día más a mi comunidad y lo que hago respondiendo al carisma y a la misión.
Hoy formando camino con un grupo de mujeres entre 18 y 55 años, sigo experimentando lo mismo, donde cada una manifiesta el dolor en su vida ocasionado por muchas formas de violencias que sufren. Que maravilloso sería arrancarlas de ese sufrimiento que las imposibilita para encontrar una salida. En su interior hay una fuerza, Dios, que las lanza a sacudirse del yugo. Verlas empoderadas, mirando, hablando y pensando diferente, me lleva a vivir en un solo: “GRACIAS JESÚS”.
Estoy segura de que Jesús Buen Pastor y Santa María Eufrasia me acompañan, guían, animan y dan fuerza para seguir adelante y tratar hasta el final de entregar en bien de otros, lo que Dios me ha dado.
Por: Aracely Cardona Nieto, religiosa de NSCBP
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