Es importante hacer una aclaración para muchas personas que a veces confunden el significado de la Ascensión, con la Asunción. La Ascensión se refiere a la entrada gloriosa de Jesús al Cielo por su propia virtud, en cambio la Asunción se refiere también a la entrada triunfante de la Santísima Virgen al Cielo, llevada por los Ángeles por voluntad de la Santísima Trinidad. Dios no permitió que la Madre de su Hijo, permaneciera aquí en la tierra, puesto que Ella también es protagonista en la historia de la salvación junto a su Hijo para la salvación de la humanidad.
En consecuencia, la Ascensión del Señor se realiza cuarenta días después de la Pascua, conforme al relato de Lucas en el Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles. La Ascensión, expresa la exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesucristo como contrapunto a la humillación padecida en la pasión, muerte y sepultura.
Al contemplar la Ascensión de su Señor los discípulos quedaron sorprendidos, porque no entendían las Escrituras antes del don del Espíritu Santo, al tanto que aparecen dos hombres vestidos de blanco y los increpan diciéndoles, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse (Hechos 1,11). En un exceso de amor semejante al que le llevó al sacrificio el Señor volverá para tomar a los suyos y para estar con ellos para siempre. La Iglesia celebra esta solemnidad al Domingo 7° de Pascua desde su día originario el Jueves según el Evangelio de Mateo (28,19-20), el Señor envía a los discípulos a proclamar y a realizar la salvación, según el triple ministerio de la Iglesia, pastoral, litúrgico y ministerial. Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado primero al pueblo de Israel tal como lo había prometido y luego a todos los lugares del mundo. Por lo tanto, es una obra de conversión universal y laboriosa en la cual todos estamos implicados en la extensión del Reinado de Cristo en el anuncio del Evangelio sin distinción de razas, condición social, credo… porque El vino por toda la humanidad, nos amó, nos ama y continúa amándonos. Jesús se fue y dijo: “conviene que yo me vaya para enviarles el consolador el Espíritu Santo”, de manera que El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están con nosotros en el presente y por el fin de los siglos.
Por: Laura Marina Mosquera Obando, religiosa de la CNSCBP.
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