La herencia que nos ha dejado nuestra fundadora fue la de ser consagradas apasionadas por el Absoluto, al estilo de Santa María Magdalena, lo cual hemos ido explorando y tejiendo año tras año con los elementos propios a nuestra vida contemplativa que nos permite conocer y apropiarnos para acoger desde nuestra oración encarnada las necesidades de la humanidad, especialmente acompañando el apostolado de nuestras Hermanas Apostólicas; Es precisamente ésta misión de ternura y compasión lo que nos recuerda que Dios necesita de nuestros brazos y piernas, corazón, mente y voluntad, para caminar con nosotras y nuestros hermanos en esta tierra, haciendo de nuestra Casa Común “El sueño de dos hechos realidad”.
Festejamos con enorme gozo, este nuevo aniversario de fundación y vamos descubriendo a lo largo de estos 200 años quiénes somos desde el carisma heredado por Santa María Eufrasia, reconociendo y acogiendo con sabiduría los cambios que se han ido dando a medida que maduramos como Congregación, sí, nuestra historia ha evolucionado, pero para perfeccionar nuestra absoluta primacía por nuestro Dios. Hoy podemos exclamar, no obstante, nuestra vulnerabilidad que buscamos ser resilientes para encontrar la perfección a través de la contemplación de Dios en la intimidad, que no es otra cosa que saber descubrirlo en los demás y muy especialmente en aquellos y aquellas a quienes sirve la Congregación. A ejemplo de María Magdalena, aprendemos que “no podemos aferrarnos a Jesús como antes, porque ahora él tiene otra forma, aunque siempre reconocible en las heridas que lleva por la humanidad”.
Por. Elida Corrales, Religiosa Contemplativa
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